¿Pone el COVID-19 en jaque a los sistemas alimentarios actuales?

El COVID-19 nos enseñó que necesitamos un cambio urgente en nuestro sistema alimentario para hacerlo sostenible y resiliente.

Escrito por Karina González Bret
27/05/2020 02:11

La actual pandemia de COVID-19, ha mostrado los estragos de una crisis de magnitud mundial, que ha puesto en pausa las economías del mundo y muchas actividades humanas, incluyendo aquellas relacionadas con la producción y distribución de alimentos.

Muchos expertos también advierten que lo que se está viviendo actualmente con la pandemia, es solo una muestra de lo que traerán consigo las crisis asociadas al Cambio Climático, por lo que es importante aprender de esta etapa, adaptar los sistemas para mejorar su resiliencia y así tener la preparación requerida para crisis mundiales futuras.

A su vez, organizaciones como la FAO y el Panel Internacional de Expertos sobre Sistemas de Alimentación Sostenible urgen a los distintos gobiernos e instituciones que se comprometan a modificar los sistemas alimentarios tanto locales como globales, debido a que esta pandemia muy probablemente empeore la actual situación de inseguridad alimentaria de varios sectores de la población.

Disrupción en la cadena de suministro

Si bien ahora las cadenas productivas aún no se ven afectadas de forma significativa, se espera que las cadenas de suministro se vean interrumpidas durante el mes de mayo, debido principalmente a la pobre logística en la transportación de alimentos, lo que a su vez provocará la pérdida de ingreso de los productores que no habrán podido mover su producto. Adicionalmente, se espera que las actividades agrícolas también se vean forzadas a detenerse, de la misma manera que ya en distintos países del mundo la actividad de procesamiento de productos animales, principalmente cárnicos, se ha visto afectada ante las altas tasas de positividad del COVID-19 entre trabajadores de este sector.

Las fronteras cerradas y la suspensión de la exportación o importación de alimentos, ponen en jaque a países como el nuestro, que depende de al menos 40% de las importaciones y en el que los productores prefieren exportar que distribuir internamente, debido a que obtienen una mayor ganancia de sus productos.

Al no poder mover su producto ya sea por estos cierres o por una baja generalizada en la demanda, principalmente de frutas y hortalizas, los trabajadores del campo se verían obligados a deshacerse de los equipos y herramientas que los ayudaban a ser productivos, e inclusive, a reducir su producción únicamente para el autoconsumo, poniendo en riesgo las semillas que se deben sembrar para producir, haciendo uso de ellas para alimento.

En México, más del 20% de la población se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, siendo la población indígena la más afectada y según el CONEVAL, esto se debe principalmente a la falta de distribución de productos diversos en regiones rurales y a un abandono sistemático del campo en México, privilegiando la distribución a grandes consumidores y a las ciudades por encima de las zonas en condiciones de pobreza.

A pesar que las personas en pobreza alimentaria en México no consumen prácticamente productos de origen animal, sí se observan índices de obesidad y desnutrición muy altos debido al consumo de productos industrializados que son pobres nutrimentalmente y altos en azúcares y/o grasas saturadas, pero que son más accesibles en estas regiones que las frutas y verduras necesarias para mantener una adecuada nutrición y por tanto un sistema inmune fuerte. Esa disponibilidad es por la excelente logística de distribución que las grandes empresas que producen este tipo de alimentos super procesados y que son capaces de llegar a comunidades remotas; sin embargo, cerca del 60% de los productos agrícolas y ganaderos que consumimos proviene de pequeños productores que no cuentan con los recursos para acceder a canales de distribución de bajo costo, y mucho menos cuando las actividades económicas se ven detenidas.

Es por ello, que para asegurar que el sistema alimentario sea sostenible, se debe invertir en la infraestructura necesaria para que los productos agrícolas puedan ser distribuidos a todas las regiones de una forma eficiente y económica para todos los pequeños y grandes productores y reducir el sobre consumo de las grandes urbes.

La mala alimentación

Estos sectores vulnerables a la larga, con una pobre alimentación, estarían también expuestos a enfermedades y se verían forzados a parar sus actividades para cuidar de su salud, la de su familia y comunidad, ya que la obesidad y la desnutrición tienen un papel clave en la salud y el estado del sistema inmunológico, por lo que enfermedades crónico degenerativas ligadas a la alimentación como obesidad, diabetes e hipertensión, en un país como el nuestro donde 7 de cada 10 personas en nuestro país sufre de alguna de dichas afecciones, ponen en mayor riesgo a la población pues incrementan la tasa de mortandad por COVID-19.

Los procesos productivos

Por otro lado, la diversidad de alimentos que llega a las regiones más vulnerables está limitada a menos de 8 productos y a su vez, los monocultivos siguen siendo la forma preferida para cultivar alimentos. Esto ha obligado a los productores, que no han podido mover su producto, a tener que realizar trueque con otros productores ante la falta de diversificación de las parcelas, lo que nos hace ver a la necesidad de cambiar a métodos productivos que promuevan la diversidad de cultivos y la regeneración de la tierra, para así evitar la escasez de un cierto tipo de alimento y aumentar la diversidad de productos en todas las regiones.

Adicionalmente, México cruza por fuertes periodos de sequía, lo que pone una presión adicional en los procesos productivos para ser más eficientes en el uso de agua.

Es necesario entonces, que al campo se le proporcionen las herramientas requeridas para asegurar que sus métodos productivos son eficientes en el uso de recursos naturales y económicos, no solo amigables con el medio ambiente sino también que regeneren las tierras y a su vez sean capaces de aumentar la diversidad biológica de los cultivos.

Las legumbres como fuente de proteína sostenible

Dos factores predominantes han llevado a un incremento en la compra y acomulación de legumbres no procesados. Una tiene que ver con un temor generalizado al consumo de animales y sus subproductos, ante un panorama donde 3 de cada 4 pandemias de las últimas décadas, se han originado en mercados de animales. A pesar que en el caso del COVID, no se ha demostrado aún que el consumo directo de carne de vaca, cerdo, pollo u otros animales utilizados para alimentación pueda transmitir la enfermedad, las personas temen que la transmisión ocurra al contacto con estos productos, y es cierto que el contacto con animales es una de las principales causas de que los virus zoonóticos muten y salten de animales a humanos, tanto por la deforestación que causa la industria ganadera como el hacinamiento de animales en granjas y rastros. De igual manera, los rastros han mostrado, por las condiciones de trabajo, ser lugares en que los trabajadores se han contagiado fácil y rápidamente.

La otra razón, es que las legumbres son excelentes para periodos largos de inseguridad alimentaria, ya que son una muy buena fuente de proteína y que pueden permanecer almacenadas por largos períodos, además que tienen una menor huella ambiental que fuentes de proteína de origen animal.

Otros riesgos mayores

El cambio climático es una amenaza aún mayor para la seguridad alimentaria, principalmente por los cambios en la temperatura y precipitación, y es muy posible que se combine ya sea con esta pandemia o venideras, por lo que es indispensable que se actúe ante esta coyuntura para evitar que los gases de efecto invernadero y la pérdida de tierras forestales y selváticas siga avanzando. Es por ello, que la producción de alimentos que tienen una huella de carbono y de uso de suelo alta, como es el caso de los productos de origen animal, debe reducirse o hasta ser sustituida por otras fuentes de proteína más sostenible, como son las de origen vegetal.

Volver el sistema alimentario sostenible y resiliente

Para asegurar que el sistema alimentario puede soportar estas crisis tanto actuales como venideras, es necesario poner atención en las siguientes acciones:

  1. Apoyar al campo, sobretodo los pequeños productores para que tengan mejores y más eficientes métodos de producción, que sean no solo amigables con el medio ambiente, sino que lo regeneren.
  2. Producir la infraestructura y logística necesaria para asegurar la distribución equitativa y diversa de los distintos alimentos producidos en el territorio, principalmente en lo que respecta a frutas y verduras.
  3. Promover la agricultura urbana y el autoconsumo, para reducir la presión hacia los sistemas alimenticios ejercida por las grandes ciudades.
  4. Reducir significativamente en las grandes urbes el consumo de productos de origen animal y otros alimentos que tienen un impacto ambiental alto.
  5. Fomentar, a través de la educación nutrimental y de políticas alimentarias, un mayor consumo de alimentos saludables y que tengan la capacidad de controlar o hasta revertir enfermedades asociadas a la alimentación.
  6. Incluir en la educación ambiental, aquellos aspectos relacionados con los impactos ambientales de la alimentación y los procesos productivos.

Esta pandemia está poniendo a prueba nuestros sistemas alimentarios, mostrando que todavía tenemos un largo camino que recorrer, y a la vez que es acelerar dichos cambios.

¿Qué acciones crees tú que puedes llevar a cabo en casa para participar de las acciones hacia un sistema alimentario sostenible? Háznoslo saber en tus comentarios.


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