Descubre qué actividad diaria aumenta el riesgo de una nueva pandemia.

El origen y los impactos de las pandemias tienen relación estrecha con lo que decidimos comer.

Escrito por Karina González Bret
30/09/2020 18:03
Tiempo de lectura: 8 minutos

Es bien sabido que la mayoría de las pandemias que hemos sufrido en las última décadas han tenido un origen zoonótico; la lista es extensa: encefalopatía espongiforme bovina (enfermedad de las vacas locas), gripe aviar (H5N1), gripe porcina (H1N1), síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), síndrome respiratorio agudo severo (SARS), ébola, probablemente el coronavirus (SARS-CoV 2) e inclusive afecciones como el Sika y Dengue, son las más recientes. Todas las mencionadas anteriormente tienen algo en común: nuestros hábitos de consumo a la hora de comer, y no precisamente porque estos agentes infecciosos se propaguen siempre a través del consumo de alimentos, sino que el estrecho contacto que tenemos con animales tanto domesticados como silvestres, es consecuencia en gran medida de la agricultura y ganadería. ¿Cómo se relaciona entonces la alimentación con las pandemias, si no es directamente la ingesta de alimentos la que genera la infección?

1. Cambio climático:

Sin duda este es el fenómeno más preocupante y de mayor influencia, que es causado por las emisiones de gases de efecto invernadero, tanto antropogénicas (es decir, causadas por la humanidad), como de otras fuentes naturales, propios de la respiración de los seres vivos y de la descomposición de materia orgánica, así como de procesos volcánicos o los propios gases emitidos por océanos y pantanos.

Como ya se ha hablado anteriormente en este blog, la industria que más impactos ambientales genera es la ganadería industrial, siendo el la principal generación de gases de efecto invernadero las excretas animales, la descomposición de heces, sangre y cadáveres, junto con la gran cantidad de energía requerida durante todo el ciclo de vida de los productos de origen animal, sin contar la deforestación causada para convertir tierras forestales en pasturas o en cultivos dedicados a alimentar animales.

El cambio climático como fenómeno global genera cambios en los microambientes y los ecosistemas, principalmente debido al incremento de temperatura. Esto hace que distintas especies animales y también plantas, se vean obligados a migrar o puedan proliferar en regiones que antes, por las condiciones climáticas, les eran desfavorables.

Las especies que cada vez han migrado más hacia el climas que antes eran muy fríos para su proliferación, son los mosquitos, quienes son vectores de distintas enfermedades, como el dengue, el Sika, Chinkunguya, fiebre amarilla, paludismo, malaria, entre otras, que son epidemias latentes en latinoamérica y África.

Otras especies que migran tratando de huir de los estragos que el cambio climático generó en su ecosistema, pueden ser un peligro también al momento de acercarse a las urbanizaciones y aumentar los contactos con humanos, tanto por portar agentes infecciosos desconocidos o que han mutado para adaptarse a las nuevas condiciones que les representa el cambio climático.

2. Pérdidas de biodiversidad:

Este fenómeno va de la mano con el cambio climático; el aumento de la mancha urbana y la rápida tasa de cambio de suelos forestales a forrajeros elimina ecosistemas enteros, forzando a las especies a migrar hacia otros ecosistemas, incluyendo los urbanos. Así especies silvestres fueron desplazadas principalmente por la actividad agropecuaria, responsable de la pérdida masiva de biodiversidad por la deforestación, y por tanto, como se explicó en el párrafo anterior, tendrán una mayor interacción con los humanos y mayor contacto.

De igual manera, las actividades como el tráfico y la comercialización de especies exóticas para consumo en los llamados mercados húmedos, aumenta este contacto con los humanos y por tanto el riesgo de adquirir algún agente patógeno que pueda transformarse pronto en una pandemia.

No menos importante, es el hecho de subrayar que 98% de la biodiversidad terrestre actual está compuesta por animales destinados a consumo humano y humanos y que dichos agentes patógenos se reproducen más rápido en ambientes de confinamiento animal, como las granjas.

3. Resistencia a los antibióticos:

Los antibióticos no son un tratamiento para combatir virus, sin embargo, la eficiencia de los antibióticos es clave para combatir infecciones de origen bacteriano, tales como la salmonelosis, el cólera o inclusive la peste bubónica (si es que esta volviera a aparecer).

Los antibióticos administrados de forma indiscriminada, generan resistencia al tratamiento y por tanto, también súperbacterias que han modificado su genética para resistirlos, como es el caso de la Salmonela y el E.Coli, que si bien también pueden ser encontrados en productos vegetales, llegan a estos principalmente por el uso de heces, orina o sangre como fertilizantes naturales para los cultivos, ya que no se reproducen fácilmente en las células vegetales sin una contaminación previa (aunque sí se ha llegado a observar colonización de estas bacterias en estructuras vegetales). Por otro lado, la ingesta de antibióticos perjudica el sistema inmunológico, principalmente por modificaciones en la microbiota intestinal.

El consumo indiscriminado de antibióticos no solo se debe a la automedicación, sino en gran medida a que éstos permanecen en el metabolismo de los animales que consumimos, ya que a estos se les administran antibióticos constantemente para poder sobrellevar las enfermedades propias de la cría y engorde. No obstante, al deberse respetar el tiempo entre la matanza y el último antibiótico suministrado, el principal problema no se encuentra en los tejidos, sino en las excretas, ya que estas terminan por lo generan en efluentes o plantas de tratamiento, que no pueden eliminar los antibióticos por completo y regresan en muchas ocasiones al suministro de agua corriente que se usa también para cultivos, o hasta para agua potable (dependiendo del tipo de tratamiento). Esos antibióticos que también se filtran con las heces u orina hacia los suelos, modifican el microbioma, eliminando agentes bióticos protectores de la tierra y promoviendo la colonización de bacterias perjudiciales.

4. Sistema inmunológico:

Una pobre alimentación debilita el sistema inmunológico, principalmente aquella que es baja en fibra y muy alta en productos de origen animal, azúcares o grasas añadidas. Es por ello que para mantener un sistema inmunológico sano, es necesario tener un alto consumo de frutas y verduras así como granos y semillas integrales. Así también, entre mayor variedad de alimentos se ingieren, es mayor la cantidad de nutrientes y por tanto el sistema inmune se fortalece.

Igualmente, ya se ha observado la relación de comorbilidades del coronavirus, donde aquellas asociadas a la alimentación, como diabetes, hipertensión y obesidad, pueden ser una combinación mortal, por lo que mantener una alimentación adecuada y mayormente basada en plantas puede ser un factor de protección contra enfermedades como el coronavirus.

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Como ya se puntualizó, la alimentación juega un importante papel en la prevención y control de pandemias tanto de tipo viral como bacteriano. Comer más productos de origen animal aumenta la probabilidad del surgimiento y propagación de pandemias, por lo que debemos cuestionarnos si pequeñas modificaciones en nuestra alimentación pueden reducir esos riesgos.

En Alianza Alimentaria creemos que sí, ¿qué opinas al respecto? ¿crees que esta pandemia nos replanteará la forma en que comemos? Déjanos tus comentarios aquí en el blog o a través de nuestras redes sociales con los hashtags #dietassostenibles y #riesgosdesalud.


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