Los alimentos ultraprocesados son productos industriales con bajo valor nutricional, asociados a enfermedades crónicas y a una elevada huella ambiental. Su alta presencia en México los coloca en el centro del debate sobre salud pública y sistemas alimentarios sostenibles.
Están presentes en prácticamente todos los entornos alimentarios: tiendas de abarrotes, cafeterías, mercados y supermercados. Los reconocemos por sus empaques llamativos, su larga vida de anaquel y listas de ingredientes difíciles de pronunciar. Son alimentos ultraprocesados.
Este grupo de productos tiene una alta presencia en la alimentación de la población en México. Identificarlos suele ser sencillo: contienen sustancias que rara vez se utilizan en nuestras cocinas, como conservadores, emulsionantes, saborizantes y colorantes.
Sin embargo, estos alimentos suelen tener bajo valor nutricional y su consumo excesivo se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.
Entre los ultraprocesados más comunes se encuentran embutidos como salchichas, jamones y tocino, además de galletas, cereales azucarados, frituras, refrescos y bebidas saborizadas.
El sobreconsumo de carnes, huevo, lácteos, alimentos ultraprocesados y azúcares tiene un impacto significativo no solo en la salud pública, sino también en la degradación del planeta. Según el informe EAT-Lancet, actualizado recientemente, el sistema alimentario requiere una transformación profunda para garantizar su sostenibilidad. Es necesario replantear qué producimos y cómo lo hacemos, ya que actualmente este sector es responsable de más del 30 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Muchos alimentos ultraprocesados incluyen ingredientes derivados de la leche, el huevo y la carne, como proteínas hidrolizadas de origen lácteo, lactosa, caseína o carne separada mecánicamente. Estas materias primas suelen provenir de sistemas de ganadería intensiva. Esto se traduce en una alta huella ambiental, debido al uso intensivo de suelo y agua.
A ello se suma el impacto de los empaques, ya que la mayoría de los ultraprocesados se comercializan en envases plásticos de un solo uso que contribuyen a la contaminación de suelos y cuerpos de agua.
Diversos estudios han vinculado el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados con una ingesta calórica excesiva. Además, suelen contener altas cantidades de azúcares añadidos, grasas no saludables y sodio, y bajos niveles de fibra y proteína. En particular, los embutidos como jamón, salchichas y tocino han sido asociados con un mayor riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles, como cardiopatías y diabetes.
En México, la producción de carnes procesadas alcanzó 1 millón 73 mil toneladas en 2022. De ese total, las salchichas representaron alrededor de 503 mil toneladas anuales, seguidas del jamón con 415 mil toneladas, de acuerdo con datos de la propia industria.
La Secretaría de Salud en México recomendó evitar su consumo pues son asociados al padecimiento de cáncer de colón y recto; tienen grasas saturadas y altos niveles de sal que causan cardiopatías; además de que estas carnes son responsables de deforestación y emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático.
Los recursos agrícolas y naturales que actualmente se destinan a la producción de alimentos ultraprocesados y productos de origen animal podrían emplearse para promover sistemas alimentarios más saludables y sostenibles, que contribuyan a mejorar la salud de la población y reduzcan el impacto ambiental.
Especialistas en salud pública y nutrición han propuesto medidas como:
En este contexto, las legumbres y los productos de origen vegetal son la mejor alternativa clave para sustituir productos ganaderos ultraprocesados. Son fuente de proteína vegetal, fibra, minerales y vitaminas, y tienen un menor impacto ambiental, lo que las convierte en una opción nutricionalmente adecuada y sostenible para todas las etapas de la vida.
Desde Alianza Alimentaria y Acción Climática, hemos desarrollado recetarios y recursos informativos que facilitan la transición hacia patrones de consumo más saludables y responsables con el medio ambiente.