2026: el momento clave para transformar nuestro sistema alimentario

Este 2026 México cuenta con leyes, guías y evidencia científica suficientes para avanzar hacia un modelo alimentario saludable y sostenible.

Escrito por Sofía Ruiz
23/01/2026 16:30

El futuro nos alcanzó y es urgente actuar para mitigar los efectos del cambio climático. La transformación del sistema alimentario ya no puede postergarse: de ella dependen tanto la salud de las personas como la capacidad del país para responder a una crisis ambiental cada vez más profunda.

México cuenta hoy con leyes, guías y evidencia científica suficientes para avanzar hacia un modelo alimentario saludable y sostenible. Lo que sigue faltando no es diagnóstico, sino implementar estas herramientas de manera coherente y efectiva.

El desafío es grande. Millones de personas viven en inseguridad alimentaria y están expuestas a entornos dominados por productos que deterioran la salud y generan un alto impacto ambiental. Cambiar esta realidad exige decisiones públicas que vayan más allá de recomendaciones aisladas.

En octubre del año pasado, la Secretaría de Salud federal dio un paso relevante al actualizar las Guías Alimentarias Saludables y Sostenibles para la población mexicana 2025-2030. Basadas en el informe EAT-Lancet, investigaciones del Instituto Nacional de Salud Pública y otras académicas, estas guías establecen diez recomendaciones para avanzar hacia una alimentación nutritiva, accesible y de bajo impacto ambiental.

Entre ellas destacan la eliminación del consumo de carnes ultraprocesadas, la reducción de carnes rojas, la moderación en el consumo de huevo y lácteos, el aumento de legumbres y la duplicación del consumo de vegetales frescos en todas las comidas.

Estas recomendaciones no solo buscan prevenir enfermedades crónicas. También tienen un impacto directo en la mitigación climática: reducir ciertos productos de origen animal disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso intensivo de agua y suelo asociados a la ganadería industrial. En contraste, el consumo de legumbres (como frijoles, lentejas y garbanzos) favorece la regeneración de suelos, además de que aportan nutrientes esenciales para la salud.

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Aquí surge el primer reto: la implementación. Las Guías Alimentarias recomiendan pero no obligan su adopción por parte de las instituciones públicas. Aun así, constituyen una base sólida para orientar políticas públicas, compras gubernamentales y entornos institucionales que hoy siguen operando con criterios contradictorios.

El segundo reto es normativo. En 2024 el congreso aprobó la Ley General de Alimentación Adecuada y Sostenible, que reconoce la responsabilidad del Estado de garantizar el acceso a alimentos nutritivos y de calidad. Sin embargo, la ausencia de su reglamento ha frenado su aplicación. En términos prácticos, el país cuenta con el marco legal, pero no con los mecanismos para hacerlo operativo.

Ese reglamento deberá definir el funcionamiento del Sistema Intersectorial Nacional de Salud, Alimentación, Medio Ambiente y Competitividad, así como los esquemas de coordinación, las compras públicas y la integración de canastas normativas de alimentos sostenibles. Sin estas definiciones, la ley corre el riesgo de quedarse en el papel.

Mientras tanto, desde lo local comienzan a abrirse caminos. Con el apoyo de Alianza Alimentaria y Acción Climática, Jalisco avanzó al incorporar criterios de alimentación sostenible en comedores de asistencia a través del Sistema DIF, y ahora en Colima trabajamos en la construcción de la primera Ley Estatal de Alimentación Adecuada y Sostenible. Estos procesos muestran que los territorios pueden convertirse en laboratorios de política pública capaces de detonar cambios a escala nacional.

La transformación del sistema alimentario no recae únicamente en el gobierno federal. Gobiernos estatales y municipales, empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil pueden adoptar desde ahora las Guías y contribuir a construir entornos alimentarios más saludables y sostenibles.

Las herramientas ya existen. El reto de México no es técnico, sino político: pasar de diagnósticos reiterados a decisiones. Avanzar hacia un sistema alimentario alineado con los desafíos del siglo XXI dependerá, en última instancia, de la capacidad de convertir la evidencia en acción.

Publicado originalmente en Animal Político.


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