En abril reforzamos una idea clave: la alimentación sostenible está en el centro de la salud pública y la acción climática. En el marco del Día Mundial de la Salud y el Día de la Tierra, compartimos información basada en evidencia y herramientas prácticas para que las juventudes impulsen la transformación del sistema alimentario.
Nuestra salud y la del planeta están profundamente conectadas. Lo que comemos tiene un impacto directo en los ecosistemas, desde el uso de agua hasta las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también puede ser parte de la solución.
En abril, pusimos este tema en el centro de la conversación. Compartimos información sobre los beneficios de una alimentación saludable, de bajo impacto ambiental y trabajamos con juventudes para acercar herramientas que nos permitan tomar mejores decisiones desde lo cotidiano.
Este fue nuestro mes:
Cada 7 de abril, el Día Mundial de la Salud nos recuerda que muchas enfermedades pueden prevenirse. La forma en que nos alimentamos no solo influye en cómo nos sentimos hoy, también define nuestra salud a largo plazo.
La evidencia en nutrición y salud pública es clara: los patrones de alimentación sostenible pueden contribuir a prevenir y manejar enfermedades crónicas. Esto implica aumentar el consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y semillas, y reducir la ingesta de productos de origen animal, especialmente aquellos con alto contenido de grasas saturadas.
Avanzar hacia este tipo de alimentación no se trata de cambios radicales, sino de transiciones graduales que se adapten a nuestros contextos y posibilidades. Y las legumbres, como los frijoles, toman un papel clave en este camino.
En el Día de la Tierra reflexionamos sobre el impacto de nuestras decisiones cotidianas en el planeta.
Hoy, los ecosistemas enfrentan una presión sin precedentes. El cambio climático está alterando los ciclos naturales y generando eventos extremos cada vez más frecuentes.
Frente a este escenario, podemos pensar que las soluciones están lejos. Pero también podemos actuar desde lo cotidiano. Lo que elegimos comer es una de las herramientas más poderosas para reducir nuestro impacto ambiental.
La transformación del sistema alimentario necesita de las juventudes. Su participación es clave para construir entornos más saludables y sostenibles.
En abril, relanzamos ALIMENTA Universidades Sostenibles, una estrategia que busca transformar la oferta alimentaria en los campus y facilitar mejores decisiones desde el entorno.
Como parte de este proceso, presentamos la iniciativa a más de 70 estudiantes del Plantel Dr. Ángel Ma. Garibay Kintana de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), abriendo un espacio de reflexión sobre el impacto de la alimentación en la salud y el planeta.
“ALIMENTA propone transformar, de manera gradual, una parte del menú —alrededor del 25%— para hacerlo más saludable y sostenible, sin dejar de ser accesible y atractivo. No se trata de prohibir ni de imponer, sino de ampliar opciones y facilitar mejores decisiones”, compartió Sofía Ruiz, gerente de Políticas Alimentarias de Alianza Alimentaria y Acción Climática.
Del 28 al 30 de abril de 2026 asistimos al 1er Congreso Interdisciplinario de Salud Pública, organizado por la Universidad de Guadalajara a través del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, en Guadalajara. Este espacio reunió a actores clave para compartir evidencia y construir soluciones frente a los retos de salud pública.
El programa incluyó temas como salud planetaria y sistemas alimentarios. En este contexto, nos sumamos a la conversación destacando el papel de la alimentación en la salud pública y la sostenibilidad, particularmente en el Simposio 3, que abordó la relación entre ambiente, alimentación y salud desde un enfoque sistémico.
“Espacios como este nos permiten conectar la evidencia con la acción… Integrar estas conversaciones es clave para avanzar hacia soluciones más efectivas y sostenibles”, señaló Sofía Ruiz Oldenbourg. Estos encuentros fortalecen alianzas y el trabajo hacia sistemas alimentarios más saludables.
Abril nos dejó una certeza: podemos transformar el sistema alimentario desde distintos espacios: nuestros hogares, nuestras escuelas y nuestras comunidades.
Cada decisión cuenta. Y cada plato también puede ser parte del cambio.